Bitcoin
Bitcoin es un criptoactivo creado en 2009, por una persona o grupo de personas cuya identidad es desconocida, bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto. El objetivo original era crear un nuevo sistema de pagos en el que no hubiese intermediarios financieros. Sin embargo, actualmente se utiliza mayoritariamente como un instrumento de inversión, ya que carece de un claro respaldo o fundamento económico que justifique su valor de mercado y no alcanza el status de moneda de curso legal en casi ningún país.
Bitcoin fue la primera creación de las llamadas “criptomonedas”, que surgieron con el objetivo de sustituir al dinero tradicional, eliminando la intermediación financiera que realizan tanto los bancos comerciales como los bancos centrales. Sin embargo, las criptomonedas no cumplen con las tres características definitorias para su consideración como dinero: medio de pago, depósito de valor y unidad de cuenta.
La teoría económica define el dinero no por su naturaleza sino por las funciones que desempeña: “El dinero está formado por los instrumentos que la sociedad emplea como unidad de cuenta, depósito de valor y medio de pago”. Estas tres condiciones deben darse simultáneamente. Los instrumentos que pueden considerarse dinero han variado a lo largo de la historia (p. ej. conchas, sal, metales preciosos, etc.).
Desde el siglo XIX y hasta 1971, el dinero estaba, de diversas maneras, respaldado por el oro, en lo que se llamaba el ‘sistema monetario del patrón oro’, por el cual el valor del dinero podía, en principio, ser convertido en gramos de oro si los ciudadanos que lo poseían así lo demandaban. Desde 1971 se abandonó este ´patrón oro´, de manera que desde entonces el dinero ya no se encuentra respaldado por un activo físico; es lo que se conoce como el ´dinero fiduciario´.
Hoy en día, se considera dinero tanto los billetes y las monedas emitidos por el banco central, como el dinero creado por los bancos comerciales a través de su actividad de captación de depósitos y concesión de crédito.
El ´dinero fiduciario´ se basa en la confianza que tiene la ciudadanía en los Bancos Centrales del país o área monetaria. Por ello, la reputación de estas instituciones es clave para que sus billetes y monedas, que tienen el reconocimiento de moneda de curso legal, sean aceptadas por otros ciudadanos o empresas para la extinción de obligaciones. Todo este respaldo que históricamente ha tenido, y tiene, el dinero, no lo tiene ni bitcoin ni ningún otro criptoactivo.
¿Por qué las criptomonedas no pueden ser consideradas “dinero”?:
- Unidad de cuenta:
Como consecuencia de su gran volatilidad, las criptomonedas no pueden considerarse un instrumento fiable para medir el valor de mercado de diferentes productos y servicios. - Depósito de valor:
Igualmente, como consecuencia de su gran volatilidad, las criptomonedas no pueden considerarse un instrumento fiable para mantener su valor con el paso del tiempo. - Medio de pago:
Las criptomonedas no se aceptan como medio de pago en ningún país con la excepción de El Salvador que ha reconocido el Bitcoin como moneda de curso legal en el país1.
En el momento de su creación Bitcoin se concibió para:
- Asumir el papel de una “moneda alternativa” para transacciones financieras sin intermediarios.
- Ofrecer una alternativa para la reducción del coste de las transacciones financieras, utilizando una red usuario-a-usuario (peer to peer).
- Asimilarse funcionalmente a una “moneda descentralizada” que permitiese a los usuarios enviar y recibir pagos a través de fronteras geográficas en menor tiempo que en las transferencias tradicionales.
¿Por qué Bitcoin ha tenido tanto éxito desde el surgimiento de Bitcoin en 2009?
Como ya sabemos, los criptoactivos se basan en una tecnología novedosa denominada cadena de bloques (blockchain)2, que puede tener múltiples beneficios en términos de automatización e integración de procesos y control de registros. Sin embargo, el uso de esta tecnología para el desarrollo de “criptomonedas”, que puedan sustituir al dinero de curso legal, es limitado.
Por tanto, con esta base, podemos definir los aspectos positivos y negativos de los criptoactivos.
Positivos:
Elevado potencial de la Tecnología de Registros Distribuidos. Ello permite, la automatización de procesos y la garantía de seguridad, lo que a su vez puede traer consigo avances significativos en el funcionamiento de los mercados financieros.
Programabilidad de los criptoactivos. Esto quiere decir que algunos de estos activos digitales tienen la capacidad de poder incluir conjuntos de instrucciones en forma de código informático a través de los llamados “contratos inteligentes” (smart contracts).
Negativos:
Elevada volatilidad: el valor de Bitcoin es altamente volátil y puede fluctuar drásticamente en un corto período de tiempo. Esto supone que la adquisición de Bitcoin suponga un riesgo muy elevado, pudiendo generar la pérdida de la totalidad del capital invertido. Esto se debe a que Bitcoin no está respaldado por activos, sino que su valor se basa en la confianza de la comunidad que confía en él.
Seguridad limitada: en las transacciones con criptoactivos no hay marcha atrás, son irreversibles, de tal modo que, si se realiza una transacción a un monedero (wallet) por error, no hay forma de recuperarla. Además, los monederos digitales pueden ser hackeados, lo que puede resultar en la pérdida total de los fondos invertidos sin posibilidad de recurso ante las instituciones competentes.
Aceptación limitada: la aceptación de los criptoactivos como medio de pago todavía es muy limitada.
Riesgo de fraude: la todavía incipiente regulación de estos mercados, así como la limitada experiencia por parte de supervisores, profesionales y usuarios en comparación con el mercado financiero tradicional, trae consigo un elevado riesgo de que aparezcan situaciones vinculadas con estafas o fraudes. Los casos recientes de Terra-Luna o FTX son claros ejemplos de ello. La nueva regulación europea que entró en aplicación el 30 de diciembre de 2024 (Reglamento MiCA) establece un marco regulatorio que mitigará algunos de estos riesgos, si bien no tiene el mismo grado de exigencia que la normativa aplicable a los instrumentos financieros tradicionales.
Escalabilidad limitada: para que una transacción en Bitcoin llegue desde un usuario hasta otro, la red tiene que validar dicha transacción. Dependiendo de la saturación de la red, una transacción puede tardar entre 10 minutos a varias horas, independientemente del horario en el que se lleve a cabo. Adicionalmente, el coste de realizar transacciones en la red de Bitcoin es muy elevado. Para mitigar este problema, se han desarrollado soluciones tecnológicas que se apoyan en la red de Bitcoin sin tener que registrar cada transacción y que podrían permitir un uso intensivo de Bitcoin (como Lightning).
1 La República Centroafricana también adoptó en 2022 Bitcoin como moneda en curso legal, pero la abandonó un año más tarde.