Psicología económica: sesgos cognitivos en la toma de decisiones de inversión
01/10/2025
Como inversores, no estamos exentos de caer en las trampas mentales que conocemos como sesgos cognitivos. Estos nos influyen en la forma en la que percibimos la información, en la evaluación de los riesgos y en la toma de decisiones financieras, alejándonos de las decisiones más objetivas o convenientes.
Reconocer esos sesgos no significa que vayamos a eliminarlos, pero sí podemos ser conscientes de ellos para mitigar su impacto. Porque invertir no es solo cuestión de números; también debemos comprender cómo nuestra mente influye en cada decisión. Repasamos algunos de esos sesgos cognitivos.
El sesgo de anclaje hace referencia a la predisposición humana de dar demasiado peso a un dato aislado o información parcial en detrimento de información posterior. En el mundo de la inversión, datos como la rentabilidad histórica o la cotización máxima de un valor pueden formar anclas, aunque estos datos sean irrelevantes para el futuro.
Otro de los más comunes (y relacionado con el anterior) es el sesgo de confirmación, que lleva a buscar información que respalde nuestras creencias previas e ignorar datos contradictorios. Este sesgo puede provocar malas decisiones de inversión si solo hacemos caso a la información que confirma nuestras sospechas.
El sesgo del efecto halo es la tendencia de formar un juicio positivo generalizado de una persona, institución o producto, a partir de una sola característica o cualidad positiva. Esto puede llevar a algunos inversores a comprar acciones de empresas influidos por el carisma de sus directivos, el prestigio de un producto o la imagen de su marca, en vez de analizar un conjunto de indicadores objetivos.
El sesgo de aversión a la pérdida también es muy frecuente. Las personas tienden a sentir más dolor por una pérdida que satisfacción por una ganancia equivalente. Esto puede traducirse en mantener activos poco rentables durante demasiado tiempo para “no perder” o vender demasiado pronto una inversión que empieza a dar frutos.
El sesgo de la propiedad (o efecto dotación) es un sesgo cognitivo que describe la tendencia de atribuir mayor valor a las cosas que ya poseemos que a las que no son de nuestra propiedad.
La falacia del coste hundido se refiere a la tendencia de, en lugar de asumir una pérdida, seguir perdiendo dinero, tiempo y energía adicionales con la esperanza de recuperar lo irrecuperable. Es un sesgo muy extendido entre los inversores minoristas.
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