

Las acciones cotizadas son aquellas que se pueden vender y comprar libremente en un mercado secundario oficial (Bolsa de Valores). Las empresas que las ponen en circulación deben cumplir ciertos requisitos. Esto es muy importante para un inversor, porque le permite deshacer la inversión en cualquier momento y recibir a cambio un precio de venta establecido objetivamente (el precio de mercado), sin tener que buscar por su cuenta un comprador para las acciones.
Las acciones de las empresas no cotizadas no cuentan con estas ventajas.
Mercado primario
En el mercado primario, la empresa crea acciones nuevas e invita a los inversores a comprarlas, convirtiéndoles en socios propietarios (accionistas) y resolviendo así sus problemas de financiación. Ocurre siempre que se constituye la sociedad y que se amplía capital, para lo que se aumenta el número de acciones en circulación.
Mercado secundario
El mercado secundario de la renta variable está constituido por las bolsas, donde los inversores negocian (compran y venden) acciones cotizadas ya en circulación con otros inversores que las quieren vender o comprar. La inmensa mayoría de las transacciones se da en este mercado secundario.
En España existen cuatro Bolsas de Valores, o mercados secundarios organizados y oficiales:
Las cuatro bolsas comparten una plataforma tecnológica de contratación, llamado el Sistema de Interconexión Bursátil Español (SIBE), base del mercado continuo en el que se realizan la gran mayoría de transacciones.
Las acciones se pueden representar mediante títulos físicos y anotaciones en cuenta, pero si cotizan en Bolsa es obligatoria la anotación en cuenta.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) es la entidad encargada de la supervisión de toda la actividad relacionada con los mercados de valores. Este control se extiende a los propios mercados, a las empresas cuyas acciones cotizan en una bolsa y a los intermediarios que reciben, transmiten y ejecutan las órdenes de compra y venta de cualquier producto, por cuenta de sus clientes.
La CNMV es un ente de derecho público con personalidad propia y plena capacidad pública (en cuanto al ejercicio de sus funciones) y privada (en cuanto a sus adquisiciones patrimoniales y contratación). Está regida por un consejo, cuyo presidente y vicepresidente están nombrados por el Gobierno, a propuesta del Ministerio de Economía y Hacienda.
Su objetivo es “velar por la transparencia de los mercados de valores españoles y la correcta formación de precios, así como la protección de los inversores”. También asesora al Gobierno y a las comunidades autónomas sobre los mercados financieros.
El riesgo es una característica inherente a los valores de renta variable. Riesgo significa incertidumbre. Usted no sabe qué rentabilidad (dividendos y/o plusvalías) puede obtener de su inversión. La rentabilidad puede ser muy inferior o muy superior a lo esperado.
En general, cuando se habla del riesgo de la renta variable suele considerarse sólo el riesgo de precio, puesto que se entiende que el resto de los riesgos (de insolvencia, de inflación, de tipo de interés, de tipo de cambio….) ya están incluidos en éste. Es decir, el principal riesgo de una inversión en acciones es que baje su cotización. Si usted tuviera que vender sus acciones cuando la cotización baje, podría perder parte o casi la totalidad del capital invertido.
No todas las acciones están sometidas a riesgos parecidos. Depende mucho de la empresa que las emita: su tamaño (¿se trata de una empresa grande y establecida o de una de reciente creación?), zona geográfica y divisa (España, zona euro, mercado emergente), sector de actividad (financiero, eléctrico, tecnológico), etc.
Volvamos al binomio riesgo/rentabilidad: los inversores están dispuestos a asumir un riesgo mayor cuando tienen la posibilidad de obtener rentabilidades mayores.
Un consejo muy importe:
Debe plantear su inversión en acciones con la vista puesta en el medio y largo plazo. La renta variable ha sido la categoría de activos con mayor rentabilidad a largo plazo. A corto plazo, sin embargo, se trata de una inversión arriesgada por su alta volatilidad.
La volatilidad es una forma de medir el riesgo y se refiere a las variaciones grandes de precio y de rentabilidad que sufre un mercado, un índice, una cartera o un activo financiero. Si un activo sube o baja mucho en poco tiempo, se dice que tiene alta volatilidad.
El efecto de la volatilidad tiende a disminuir con el tiempo. Por eso, el inversor a largo plazo no debe alarmarse excesivamente por las fluctuaciones diarias de los mercados. Nunca invierta en acciones dinero que va a necesitar a corto plazo.
El precio de una acción no es sinónimo de su valor.
Lo que determina definitivamente la cotización de unas acciones es la oferta y demanda en el mercado. Una empresa emite una cantidad limitada de títulos, por lo que si hay más compradores que vendedores, subirá su precio.
La oferta y la demanda dependen de la valoración que los inversores hacen sobre la empresa que emite las acciones. Los principales factores de los que depende esta valoración son las expectativas sobre el beneficio futuro de la sociedad, su tasa de crecimiento y la evolución prevista de los tipos de interés. Y otros factores más generales también influyen, como las expectativas sobre la evolución económica y la confianza de los inversores.
Cuando hablamos de acciones, la palabra valor puede significar varias cosas:
Fiscalidad de los dividendos:
Fiscalidad de las transmisiones de acciones:
La base imponible del ahorro tributa en función de su importe total. Los primeros 6.000 € al 19%, y a partir de los 6.000 € al 21%.
Casi todas las acciones negociadas en las bolsas de valores son acciones ordinarias, que son las que hemos descrito hasta ahora. Dan derecho a participar en el reparto de beneficios y en el patrimonio resultante de una liquidación, a la suscripción preferente en la emisión de nuevas acciones o de obligaciones convertibles en acciones, a asistir y votar en las juntas generales de accionistas y a impugnar los acuerdos sociales.
Existen otros tipos de acciones que tienen pequeños matices en cuanto a los derechos incorporados, comos las acciones preferentes, nominativas, sin derecho a voto y rescatables. Sin embargo, se tratan de emisiones muy escasas en el mercado español.
Para el inversor es mucho más interesante conocer otros criterios de clasificación:
Según la “calidad” de la empresa emisora:
Según lo “cíclico” que sea el sector:
Según su “previsión” de beneficios y de revalorización: