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Paso 2: Evaluar los gastos y hacer ajustes

Ingresos anuales 20, gastos anuales 19,6 = felicidad
Ingresos anuales 20, gastos anuales 20,6 = miseria

Charles Dickens – David Copperfield

Bueno, quizá es una simplificación, pero el concepto es fundamental. Gastar más de lo que se ingresa es sumamente peligroso. Si este es su caso, hay que economizar como sea. Punto.

En muchos hogares, los ingresos mensuales son relativamente estables, pero los gastos varían. Unos meses se gasta menos y al final hay un poquito de superávit. Otros meses los gastos son mayores que los ingresos y se recurre al superávit de meses anteriores para pagarlos. Y así van tirando mes a mes, pero sin llegar nunca a controlar la situación. Los problemas surgen cuando hay varios meses seguidos en los que los gastos superan a los ingresos. Entonces se agotan los ahorros y no hay más remedio que pedir dinero prestado para atender a los pagos.

En realidad, es aconsejable que los gastos no superen el 90% de los ingresos, para poder ahorrar, como mínimo, el 10% restante cada mes. Este 10% se puede destinar a reducir las deudas, a crear un fondo para emergencias y a lograr los objetivos financieros a medio y largo plazo, como acumular capital para una adquisición importante y preparar la jubilación. Sin ahorro, nada de esto es posible. Sin ahorro nunca tendremos el control sobre la situación.

Evidentemente, cuanto más ahorre, antes logrará sus objetivos, contará con más opciones de inversión y dispondrá de más control sobre su vida y su futuro.

Así que ajuste su presupuesto, tanto si tiene problemas para llegara a fin de mes como si le hubiera gustado ahorrar un poco más. Para ello sólo hay dos opciones: aumentar los ingresos o reducir los gastos.

Las posibilidades para aumentar los ingresos pueden ser limitadas. Hay que asegurar la optimización de nuestra carga fiscal, para no pagar más impuestos de los necesarios, y consultar las ayudas y deducciones aplicables. Si la situación lo permite, podríamos intentar negociar un aumento de sueldo, cambiar de trabajo o buscar un segundo empleo. Pero como normalmente no está en nuestras manos aumentar los ingresos, lo habitual es tener que reducir gastos.

¿Cómo reducir gastos?

Nunca es divertido  recortar gastos, pero hasta lograr una situación financiera saneada suele ser un mal necesario. La clave está en priorizar.

Conviene distinguir entre:

  • Gastos fijos obligatorios: como la hipoteca o alquiler de la casa y las cuotas de otros préstamos. Su importe no varía mucho mes a mes.
  • Gastos variables necesarios: comida, ropa, electricidad, etc.
  • Gastos discrecionales: todos los demás gastos que, en caso de necesidad, se podrían reducir o eliminar.

Cuando hay que economizar, normalmente es más fácil empezar con los gastos discrecionales.

Gastos discrecionales

Varias pilas de dinero. La primera de ellas con una taza, la segunda con un DVD, la tercera con un teléfono móvil y la última con unos zapatos.

Se trata de todos aquellos gastos para cosas que nos gustan, pero que no son imprescindibles. Cuando hay que recortar, deben ser los primeros. Todos podemos descubrir gastos superfluos que realmente no añaden mucho a nuestra calidad de vida, y que drenan fondos que podríamos utilizar para otros fines más productivos.

Calcule honestamente lo que representan al año las cosas que se compran porque “están bien de precio”, los DVD que sólo se ven una vez, las suscripciones de revistas que no se leen, los mensajes multimedia y descargas para el teléfono móvil y las comidas innecesarias fuera de casa.

Hemos incluido una calculadora para que compruebe cuánto ahorro supone recortar  algunos de estos desembolsos.

Por ejemplo, un paquete de tabaco (o si prefiere, un desayuno completo) todos los días puede llegar a costar unos 3,5€. Parece poca cosa, pero si eliminamos este gasto y metemos su importe mensual (105€) en una cuenta que paga un 2% de intereses, al cabo de 10 años equivaldría a casi 14,000€.

¡Cuidado con los lujos disfrazados de necesidades!

Puede que formen parte de nuestra rutina el capuchino diario, ir al cine y salir a tomar una copa los fines de semana, el gimnasio, la ayuda doméstica, la peluquería, la pizza a domicilio, la televisión de pago… pero si nuestros ingresos no cubren la totalidad de nuestros gastos, descontada alguna cantidad para el ahorro, se trata de lujos.

Dicho esto, en cuanto hayamos salido de los números rojos, es buena idea presupuestar algo para ocio, siempre sin endeudarnos. También hay que disfrutar de la vida, y los presupuestos son como las dietas: los demasiado estrictos suelen fracasar. Lo importante es buscar la forma de incluir estos conceptos dentro del presupuesto y ajustarse para no gastar más de lo permitido.

Gastos variables necesarios

Imagen de dos billetes de 50€ y de 100€ en un enchufe.

Electricidad, comida, transporte, son gastos necesarios para vivir, pero de los que podemos ahorrar si hacemos un uso racional. Por ejemplo, tenemos la posibilidad de reducir la factura de la luz apagando lámparas, ajustando el termostato y utilizando bombillas de bajo consumo.

Como estos gastos son necesarios, normalmente sólo es posible economizar haciendo pequeños recortes. Un poquito aquí, un poquito allá, es el ahorro típico de la hormiguita: comprar marcas más económicas, andar o utilizar transporte público en vez de pagar gasolina y parking, coger el autobús o metro en vez de un taxi, comprar ropa, muebles y electrodomésticos sólo durante las rebajas (y más importante, ¡sólo si hace falta!), comparar precios de distintos establecimientos, buscar el mejor plan para el teléfono e Internet, etc. Suele haber más margen de lo que piensa.

La calculadora de presupuestos ofrece un gráfico para que vea qué porcentaje de sus ingresos se gasta en alimentación, ropa, ocio, etc. y compara estos porcentajes con los de la media de familias españolas. Es perfectamente normal que gastemos más en algunos conceptos y menos en otros, pero si comprueba que, por ejemplo, gasta el doble en comida u otro concepto, piénselo.

Gastos fijos obligatorios

Imagen de una casa con el recubrimiento exterior formado por billetes de euros.

Son, por ejemplo, la hipoteca o el alquiler de la vivienda, los gastos de comunidad u otros préstamos bancarios. Hay que pagarlos sin falta y sus importes son difícilmente negociables. Si no se abonan al banco dentro de los plazos establecidos, se aplicarán gastos adicionales de demora, engordando cada vez más la deuda y la cantidad a pagar. Además, puede verse afectado nuestro historial crediticio,  lo que dificultará la obtención de crédito en el futuro. En el peor de los casos, podríamos perder nuestras posesiones, incluyendo nuestra vivienda. Si no cumplimos con los gastos de comunidad, tendremos que afrontar desagradables juicios y demandas, con sus correspondientes costes.

Hay que pagar estos gastos lo primero y sin falta.

Siempre tiene que pagar primero estos gastos obligatorios. Si realmente atraviesa  dificultades para atender estos pagos, plantéese negociar con los acreedores y llegue a un acuerdo para aplazar alguno de ellos hasta que se sanee su situación financiera. Pero sólo debemos hacerlo después de reducir al máximo los demás gastos.

El  exceso de endeudamiento, con sus correspondientes intereses a pagar, aumenta los gastos fijos obligatorios hasta límites insostenibles, dejándonos con margen escaso o incluso negativo para poder atender los demás pagos.

En otro apartado, veremos cómo puede fijar el límite de su capacidad de endeudamiento, cómo evitar endeudarse en exceso y cómo reducir las deudas actuales.

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